Si tuviéramos que otorgar algún rango de trascendencia a las intervenciones para el control del tabaquismo deberíamos colocar en un privilegiado primer lugar a la prevención primaria. Sabemos que las sociedades políticas se comportan hipócritamente ante el conocimiento de la acción nociva, inequívocamente demostrada, por el fumar activo o pasivo sobre la salud del ser humano. Es evidente que el esfuerzo más redituable en términos de costo-beneficio es el de fortalecer un comportamiento natural que existe en el niño antes de la adolescencia para evitar que se incorpore a las víctimas de esta adicción. Como se verá en la sección correspondiente a la participación de los menores, las etapas de comienzo se sitúan entre los 10 y los 17 años, por lo que la currícula escolar correspondiente entre los 8 y los 12 años tiene que contener modos eficaces de prevención. Ver  la sección educación.

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