
Para proteger a nuestros hijos de algunas patologías que
antiguamente hacían estragos produciendo daño y aún la muerte,
se produjeron las vacunas que generan una respuesta en los
sistemas de defensa del organismo, adquiriendo este la inmunidad
capaz de soslayar el riesgo. Si bien se ha pensado también en
generar una vacuna que asimile a la nicotina (el alcaloide del
tabaco) a un agresor externo, como si fuera un germen, hasta el
presente la forma de encarar el problema del tabaquismo es
considerarlo como una enfermedad que se adquiere en la infancia
(el 90% de los fumadores ha comenzado a hacerlo antes de los 18
años). Por ello es necesario emplear métodos de prevención
primaria, con intervención de personal entrenado en el tema y
una participación activa de los educandos. Debemos recordar que
los niños tienen el concepto de la pureza del habitat y
de la conservación del medio ambiente, que surge en ellos en
forma que podríamos llamar natural, por lo que es un material
sumamente apto para lograr su adhesión si logramos llegar a ellos
con mensajes claros. Sabemos también por experiencia, que si
bien el hogar es el mejor medio para inculcar hábitos
higiénicos, con el tabaco en los hogares de padres fumadores, se
producen probablemente dobles mensajes. Los padres, aún los
fumadores no quieren que sus hijos fumen y los hijos
encuentran difícil aceptar que sus padres les propongan algo que
ellos no practican. Su docente (el del alumno), sería la
primera persona que surge como más apto para la ejecución de la
intervención, para lo cual habría que adecuar los conocimientos
sobre el tema con la participación de los expertos.
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