
El humo del
tabaco es el mayor contaminante del hábitat interno donde
desarrolla sus actividades el ser humano. Está considerado como
carcinógeno del grupo A o sea que es potencialmente productor de
tumores en el mismo. Si consideramos que, según su actividad, el
hombre pasa entre el 80 y el 90% de su tiempo en ámbitos
cerrados, tomaremos conciencia del interés de mantenerlos libres
de humo así como de otros contaminantes. Si bien cada vez es
mayor la utilización de edificios herméticos, especialmente para
desarrollar tareas de oficina, ello no significa que los sistemas
de aire acondicionado resulten apropiados para remover los
contaminantes generados por la actividad dentro de los mismos y
entre los cuales ocupa el humo del tabaco la principal fuente. El
humo del tabaco provoca enfermedades en los fumadores pasivos y en
este sentido se comienza a tomar conciencia de la posibilidad de
litigar por el daño causado frente a los responsables de admitir
fumar en los lugares de trabajo o de recreación o en los
shopping, bares , restaurantes, aeropuertos, etc. Todo esto, más
allá de las normas que regulan, en algunos casos, la utilización
de esos espacios para fumadores y no fumadores, las cuales
adolecen de real eficacia.
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Tabaquismo pasivo