Historia

La historia del "hukka", "hookah", "waterpipe" o "narguilé"

------------------------------------------------------------------------------------------------El tabaco y los estados

      "Alguaciles de la Justicia impondrán cepo o picota a todo aquel campesino, menesteroso o caballero que fuese sorprendido inhalando o expeliendo humos producidos por la planta conocida como nicotiana tabacum proveniente de las Indias Occidentales". El bando, tan severo como estéril, perteneció a Felipe III, empeñoso monarca que procuraba defender la salud de sus súbditos aún en contra de sus propias inclinaciones. Más severos en esa vana empresa fueron los otomanos, que por la misma época, en 1693, instituyeron la pena de muerte para los fumadores. Pocos años más tarde, en 1710, Pedro el Grande, empecinado en que Rusia se asemejara a Occidente, adoptó la posición inversa: estimuló a los miembros de la corte al uso del tabaco, para imitar la costumbre ya irrefrenable de las naciones del oeste.
Eran aquellos los tiempos del absolutismo monárquico, en que la autoridad del soberano provenía de Dios y no estaba sujeta al control de los súbditos. Los monarcas podían disponer de la vida y la libertad de aquellos; incluso prohibir que el vicio se instalara en la sociedad o como en Rusia, estimular a que se adquiriera. Pero no pudieron tapar el cielo con un cedazo e impedir que el hábito se impusiera, aun a pesar de las amenazas. Cinco siglos después de que Colón llevara el tabaco a Europa, las marcas más famosas del mundo patrocinan las carreras de Fórmula 1 y sugestivos spots televisivos muestran deslumbrantes señoritas en competencias sofisticadas, solícitas con deportistas triunfadores. Las fábricas se han ingeniado para que sus emblemas se identifiquen con el éxito deportivo, exactamente al revés de lo que se consigue "inhalando o expeliendo humos", como se decía en tiempos de Felipe III. Tanto como para salvar la conciencia, los gobiernos han logrado una disposición complaciente: después de una publicidad arrobadora, que tienta al usuario con el arte de la seducción, aparece con antipática sobriedad una leyenda aguafiestas: "Fumar es nocivo para la salud". Un mensaje casi repugnante en comparación con las imágenes previas. Los datos de que se dispone son escalofriantes. En nuestro país el 32% de los mayores de 18 años ha adquirido el vicio de fumar, pero se sabe que cada año es menor la edad promedio de ingreso a ese circuito y se estima en más de tres millones y medio el número de personas que consumen cigarrillos. Pero aún cuando todo el poder del Estado pueda resultar insuficiente para frenar el consumo, los gobiernos en todo el mundo no permanecen de brazos cruzados. La Argentina, junto a 192 países, participó de un "Convenio marco para el control del tabaco", que prevé la asignación de fondos y asesoramiento para reconvertir zonas de cultivo de tabaco, ejercer docencia, brindar asistencia técnica. Ese convenio ingresó en la Cámara de Diputados en el año 2004 y debía ser ratificado por el Congreso antes del 18 de noviembre último. Por desgracia el trámite durmió en los cajones de la indiferencia, venció el plazo y nuestro país ingresó en la penosa lista de naciones negligentes con la salud del pueblo.
¿Habrá sido por una cuestión económica, para no perder los ingresos fiscales que produce el impuesto a los cigarrillos? Pareciera que no. Sin perjuicio de que la salud vale mucho más que el dinero recaudado, se estiman en 3.700 millones de pesos los ingresos, pero el tratamiento asistencial de las afecciones vinculadas al tabaco cuesta 6.645 millones. Tal vez no se sepa nunca por qué una iniciativa tan importante, que sólo traía beneficios, fue cajoneada por la cámara. ¿Pero quién supone que Bonasso y compañía se preocupan por el pueblo? Su función es la de burlar la democracia, impedir que ingresen diputados que le resultan hostiles, allanar el camino del transfuguismo o convalidar la burla a los electores con una embajada. Pensar lo contrario equivale a ser tan ingenuo como Felipe III.

Fuente: La Prensa (Argentina)
http://www.laprensa.com.ar/secciones/nota.asp?ed=1911&tp=11&no=62523
                                                                                                   

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