A
poco de su descubrimiento en el nuevo mundo y
de su introducción en Europa, fué visto como
un producto que debía ser manejado por los
estados e imponersele de tributos para las
arcas de los gobiernos. Así transcurrió
durante siglos en armonía y con el beneplácito
de estos, la relación del tabaco con las
sociedades hasta la actualidad. Pero desde
hace medio siglo y a la luz del conocimiento
científico, comienza tibiamente a
cuestionarse el eterno dilema del
costo-beneficio, por otra parte común a
cualquier producto dañoso para la salud.
Hablamos de los años 60 con una prevalencia
del tabaquismo, en el mundo desarrollado de más
del 60 %, por lo que era muy difícil lograr
la adhesión popular a cualquier medida
restrictiva. Los trabajos de Doll y Hill en
1952 en Inglaterra y las declaraciones
del General Surgeon de EEUU en 1964, basadas
en gran cantidad de evidencias, comienzan a
ilustrar a la clase médica primero y a la
sociedad toda luego de la responsabilidad del
tabaco en un gran número de enfermedades. La
historia posterior y hasta nuestros días es
que los particulares damnificados intentan
resarcirse del daño y los gobiernos,
presionados por las multinacionales del tabaco
y para deshacer una cadena interminable de
juicios intentan buscar soluciones más
generales. Es lo que ha ocurrido recientemente
en EEUU, donde se ha logrado un gran acuerdo
de todos los estados con las tabacaleras, a
través de una compensación de 246.000
millones de U$S en el término de 25 años. En
ese país en el año 1997, el gasto total por
enfermedades tabaco-dependientes fué de
89.200 millones de U$S, de los que 20.500
fueron de Medicare (que cubre parte de los
gastos médicos de 34 millones de ciudadanos
de más de 65 años y 5.5 millones de personas
con discapacidades). El ingreso por impuestos
(son de los más bajos del mundo) fué de
13.000 millones de U$S. En nuestro
país el negocio de los cigarrillos
produce por año, en términos de ingresos
fiscales, alrededor de 1.900 millones de pesos
y un costo en vidas humanas de 40.000 y
un número no precisado de incapacidades de
diversos grados, en principio de todas las
patologías que conducen a la muerte por
tabaco y en segundo lugar, de todas aquellas
enfermedades invalidantes que ocasionan una
deteriorada calidad de vida.