Una de las estrategias que las
tabacaleras emplean para impedir el aumento del precio de sus
productos ha sido el remanido "discurso" de que ello
llevaría al aumento del contrabando y ello a su vez a la
disminución de los ingresos fiscales. No se discute que este es
uno de los elementos que juegan a favor del comercio ilegal del
tabaco. Pero hay infinidad de argumentos que el contrabando ha
sido una de las actividades a las que se dedicó la industria,
porque necesita que los precios se mantengan dentro de límites
aceptables para la sociedad en la que se comercializan. Ello
conduce a que los que menos ingresos poseen (los chicos de
hogares pobres o no tanto), puedan acceder al primer contacto
con el cigarrillo, sabiendo los fabricantes que en poco tiempo
se convertirán en "clientes forzosos", por la adicción que
generarán. Para evitar el contrabando, además de un riguroso
control aduanero, es necesario implementar políticas impositivas
sobre esos productos, consensuadas entre los países limítrofes a
fin de desalentar dichas prácticas. Por ejemplo, en este momento
hay diferencias notables en los precios de los cigarrillos,
entre algunos países de Europa y entre nosotros, es sabida la
menor imposición que tienen los cigarrillos en el Paraguay.
Algunos gobiernos, sabiendo que dichas prácticas suelen ser
llevadas a cabo por las multinacionales, por acción u omisión,
han hecho reclamos frente a la justicia. Se estima que, según
los países, el contrabando permite el ingreso del 20% de los
cigarrillos consumidos. Deberían efectuarse monitoreos de las
rutas que siguen los cigarrillos que se exportan de un país a
otro, sabiendo que en muchos casos, al salir sin impuestos desde
el origen, vuelven al país exportador con el consiguiente
perjuicio fiscal para el mismo.
Más
información
A
continuación, otros
websites
dedicados al
tema.